CONFÍA HASTA QUE LO ENTIENDAS

“…No os sorprendáis si tenéis que afrontar problemas que pongan a prueba vuestra confianza en Dios, no es nada extraño”     (1 Pedro 4:12)

En el transcurso de unos pocos meses, Fred Whiteman sufrió más de lo que la mayoría de nosotros padecemos en toda nuestra vida. El cáncer se llevó a su mejor amigo. Después murió su madre y su mujer fue asesinada. Seguidamente le hicieron un trasplante de corazón; cuando todavía se estaba recuperando, le diagnosticaron un cáncer y además le llevaron a juicio. Cuando Fred llegue al Cielo, ¡podrá comparar sus apuntes con Job! ¿Le convirtió eso en una persona amargada y cínica? No, él hizo lo que dijo David: “…cuando mi corazón desmaye, llévame a la roca que es más alta que yo” (Salmos 61:2b).

Cuando te sientas abatido, es fácil llegar a la conclusión de que “…alguna cosa extraña…” (1 Pedro 4:12b) te ha pasado y que Dios se ha alejado de ti. Pero Fred dijo: “Cuando no nos lo podemos explicar, tenemos que confiar hasta que lo entendamos”. Lo siguiente es lo que él aprendió de la adversidad:

(a) Te demuestra lo mucho que necesitas al Señor. Te recuerda que eres humano, y que te encuentras a un paso de la eternidad;

(b) Refuerza tu carácter, perfecciona la integridad de tu corazón y te quita el deseo de hacer tonterías

(c) Deja que Dios te utilice para  mostrar a otros que en los momentos  más difíciles Él estará también con ellos.

Pablo dijo que nada nos separará del amor de Cristo (lee Romanos 8:35-39). Así que, cuando empieces a preguntarte: ¿Por qué permite el Señor esto?, recuerda que Él nunca dijo que no ibas a pasar por adversidades sino que nunca dejaría de cuidarte. De manera que no juzgues el amor de Dios basándote en tus circunstancias; por el contrario, búscale en medio de ellas.

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