EL DIOS QUE CREA, JUZGA Y SALVA

En el corazón mismo de la misión de la iglesia está la convicción bíblica de que Dios está activo en el mundo y activo en la historia por medio de personas a las cuales llama para asignarles una tarea, los envía como sus misioneros, para cumplir su propósito. Esa es la clave de la historia de la salvación.

Dios es el Dios que escoge y envía. Los hombres y mujeres de la Biblia tales como Noé, Abraham y Sara, José, Moisés, Jeremías, Ester, Juan el Bautista, Pedro y Pablo, para mencionar sólo a unos pocos, viven vidas marcadas por un claro sentido de haber sido llamados y enviados. Y por supuesto, Jesús, Nuestro Señor, colocó su propia vida y ministerio dentro de esta perspectiva.

Al comienzo de su misión, en la sinagoga de Nazaret, leyó el mensaje de Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí por cuando me ha ungido…Me ha enviado…” (Lc 4:18). Al acercarse al final de su vida Jesús dijo: “Ahora vuelvo al que me envió…” (Jn 16:5). Después de haber resucitado de entre los muertos, él comisionó a sus discípulos con esas palabras: “Como el Padre me envió a mí, así yo os envío a vosotros”.

En el momento de su conversión a Jesucristo, el famoso matemático y filósofo francés Blas Pascal escribió su célebre Memorial, el cual se halló en un pedazo de papel cosido a su chaqueta cuando murió. Decía: “¡Fuego! Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no de los filósofos y los sabios…”

Este contraste entre dos visiones de Dios que Pascal expresó apunta al hecho de que como cristianos creemos en un Dios que se ha revelado en la historia.

Primero, un Dios que quiere ser conocido y no permanece escondido, en contraste con la idea de un Dios que se esconde en el misterio y al cual sólo una élite puede acercarse.

Segundo, un Dios que se ha revelado a sí mismo en eventos históricos y por medio de ellos, y de manera suprema en Jesucristo quien fue enviado como la más clara revelación de su amor y su propósito salvífico.

Este es el Dios que según Génesis 6 al ver la maldad y corrupción decidió destruir su creación por medio de un diluvio, pero también llamó a Noé, y lo comisionó para construir un arca.

El Dios que de ese hombre ya anciano y de su esposa nacería una nación, una familia humana que crecería hasta ser una nación por medio de la cual Dios quería bendecir a todas las familias de la tierra (Gn. 12:1-3)

El propósito salvador de Dios es universal en sus dimensiones, pero a fin de cumplirlo escoge a un hombre y un pueblo.

Por lo tanto, el Dios de Noé, de Abraham y de Jesucristo no es el tótem local de un clan que quiere favorecer a ese clan para su propio provecho, sino el creador de la humanidad que quiere bendecir a todos los pueblos por medio de una familia.

La familia de Noé o la Iglesia que, según el apóstol Pablo, es la familia de Dios.

Samuel Escobar

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