EL ESTILO DE VIDA DEL SEGUIDOR DE JESÚS VI

Amaos de corazón unos a otros como hermanos, y que cada uno aprecie a los demás más que a sí mismo. (Romanos 12:9)
 
 
En la Biblia la iglesia siempre es explicada como un organismo vivo, un cuerpo, una familia, un pueblo, y no como una organización. Incluso cuando se dice que somos un templo del Espíritu de Dios somos referidos como “piedras vivas” del mismo. Cuando un organismo goza de buen salud se caracteriza por nutrir, cuidar y proteger a todos sus elementos, en resumen, a preservar la vida del conjunto por medio de la preservación de la vida de los miembros. Pero, en ocasiones, los organismos se vuelven disfuncionales y, en vez de preservar la vida de los mismos, lo que hacen es atacarse ellos mismos dañando a uno o varios de sus miembros; es lo que conocemos como enfermedades autoinmunes.
Pablo nos dice que el amor -la búsqueda del bien- de corazón -con la motivación correcta- es una clara evidencia de la salud del organismo; juntamente con el saber honrar -apreciar- a los diferentes miembros. Contrariamente, en un cuerpo disfuncional se evidencia el maltrato hacia uno o varios de esos miembros por las razones que sea. Tristemente nuestras comunidades se han convertido, en muchas ocasiones, en cuerpos disfuncionales que se auto destruyen con sus conductas y que no atraen a nadie mínimamente saludable. Un organismo saludable tiene, con frecuencia, la capacidad de regenerar, restaurar y reconciliar aquellas partes que son disfuncionales. Desgraciadamente, un cuerpo disfuncional acaba matando las pocas partes saludables que aun quedan.
A la luz de lo que Pablo enseña ¿Eres saludable o disfuncional? y la comunidad a la que perteneces ¿Es saludable o disfuncional?
Por Félix Ortiz, pastor de la IEB Bona Nova

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