“EL OTRO 3:16” (1ª JUAN 3:11-18)

Seguramente que en nuestra iglesia todos se saben de memoria el famoso versículo del Evangelio de Juan 3:16 y podríamos repetirlo a coro. Pero he encontrado pocas personas que se sepan de memoria 1ª Juan 3:16 que es un hermoso versículo sobre el mismo tema: el amor de Dios y que creo que también deberíamos memorizarlo para reflexionar sobre su rica enseñanza.

Si leemos con cuidado el Evangelio y la Epístola nos daremos cuenta de inmediato que provienen del mismo autor. Hay en ambos dos temas centrales que se repiten insistentemente a pesar de su brevedad: uno es el amor, “Dios es amor” (4:8), y el otro es la plena humanidad de Jesucristo (4:2-3).

¿No será que Juan está exagerando con esta insistencia en el amor como la clave de la vida y la enseñanza cristiana? Dice por ejemplo: “Porque éste es el mensaje que habéis oído desde el principio. Que nos amemos unos a otros”. Y más adelante insiste: “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (1ª Juan 3:11,15). Me detengo a pensar si yo pasaría este exámen.

La clave está en el vr. 16 que sin duda se refiere a Jesús: “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros”. El amor de Dios y el amor de Cristo se reflejan en el hecho de que el Señor se entregó a morir en nuestro lugar. Esta frase nos conmueve y anima. Pero lo que sigue en este versículo es perturbador: también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.

¿Qué significa eso de poner nuestras vidas? El versículo siguiente lo explica con toda claridad y nos confronta con un gran desafío: “pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (vr. 17).

El pasaje se cierra con la exhortación de gran sencillez y claridad meridiana: “Hijitos míos no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (vr. 18). Coinciden estas líneas con el viejo refrán español “Obras son amores y no buenas razones”. Que el Señor nos ayude a amar de hecho y en verdad: como Jesús.

Samuel Escobar

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