JESÚS, AMISTADES PELIGROSAS 3

Al verlo, los fariseos y los maestros de la ley murmuraban: Este anda con gente de mala reputación y hasta come con ella. (Lucas 15:2)
 
 
En episodios anteriores ya hemos comprobado que Jesús no tenía ningún problema en asociarse con personas que ponían en peligro su reputación. El tipo de gente que un religioso piadoso de su tiempo nunca osaría frecuentar y cuya presencia evitaría siempre que le fuera posible. Este tipo de relaciones escandalizaban a los fariseos y los maestros de la ley. Resultaba incomprensible que alguien buen conocedor de la ley y de lo políticamente correcto lo practicara. Sin embargo, si nos fijamos detenidamente en este breve versículo, veremos que el nivel de indignación de los antagonistas de Jesús subió un grado más. Si ya resultaba escandaloso que el Maestro frecuentara ese tipo de gente todavía lo era más que tuviera a bien el compartir la mesa con ellos. ¿Qué tiene de particular esa acción? ¿Por qué generó aún mayor indignación de la que Jesús ya había provocado entre sus contemporáneos?
La lectura del libro de Manning “El evangelio de los andrajosos” me ayudó a entenderlo y por eso reproduzco su explicación del gesto de Jesús:
“En la tradición judía, decir “yo quiero cenar contigo” significa “quiero establecer amistad contigo”. Incluso hoy, un judío ortodoxo no le invitará a su casa a cenar, a menos que quiera establecer amistad con usted o profundizar la ya existente. Es un encuentro muy sagrado. (Por cierto, es bueno recordar eso cada vez que reciba la comunión. Jesucristo es el anfitrión y cuando le invita a venir a su mesa está declarando: “Yo quiero tener una amistad más profunda contigo”)
La murmuración de los religiosos viene como consecuencia del deseo de Jesús de establecer amistad con aquella gente. Una cosa -ya imperdonable- era frecuentarlos. Otra -inadmisible- el desear y tomar la iniciativa en establecer una relación de amistad con ellos. Porque precisamente esta es, en mi humilde opinión, la gran enseñanza de este pasaje. Dios desea una amistad con gente como tú y como yo. Personas indeseables, que no merecemos para nada su amor, aceptación y compañerismo. Dios siempre busca la amistad con aquellos que en cada momento de la historia la sociedad ha considerado indeseables. Ayer fueron los recaudadores de impuestos, hoy serían los miembros del movimiento LGTB o los abortistas. Gente, todos ellos, que un cristiano evangélico como Dios manda nunca osaría frecuentar y mucho menos tener una relación de amistad con ellos. Esto me hace suponer que nuestros niveles de santidad y de superioridad moral son más elevados incluso que los de nuestro Maestro. Me pregunto si hoy en día nosotros estaríamos también entre aquellos que murmurarían de Jesús y sus amistades peligrosas.
Obsérvate desde la distancia ¿Qué actitud tienes hacia aquellos que son pecadores, gente de mala reputación? ¿Qué dice acerca de ti? ¿Cuál debería ser tu actitud en imitación del Maestro?
Por Félix Ortiz, pastor de la IEB Bona Nova

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