JESÚS, DIOS, PADRE 3

Aún estaba lejos, cuando su padre lo vio y, profundamente conmovido, salió corriendo a su encuentro, lo estrechó entre sus brazos y lo besó. (Lucas 15:20)
 
 
¿Vale la pena recordar que Jesús explicó esta historia para mostrarnos cómo es Dios y qué actitudes tiene hacia las personas que son pecadoras? Rebobinemos por un momento y vayamos a los días previos al regreso del hijo pródigo ¿Qué emociones debía de albergar aquel hombre en su corazón? Había sido afrentado al pedirle su hijo la herencia. Debió de haber quedado ante sus vecinos y conocidos como una persona sin autoridad, débil y flojo de carácter. Vio disminuida su hacienda de forma considerable y vivía con la dura de realidad de tener -si es que aún vivía- un hijo completamente insensible a sus sentimientos y que tomaba sus decisiones sin importar el impacto que pudiera causar sobre la vida de otras personas. Es mera especulación, sin duda, pero me preguntó con cuánta frecuencia debía de pensar en aquel muchacho que dejó la casa. Y cuando lo hacía, qué tipo de emociones cruzaban por su mente, qué muecas se reflejaban en su rostro.
Pero la historia si que nos dice cómo reaccionó cuando vio a su hijo de regreso al hogar. Vale la pena analizar el comportamiento de ese padre. Los conocedores de la cultura judía afirman que su proceder fue totalmente inusual y fuera de lo común y esperado. Para comenzar aquel hombre hizo algo totalmente impropio de su estatus. Correr. Las personas de una determinada edad no hacían estas muestras de efusión en público y era degradante dicho comportamiento. Aquel hombre se estaba poniendo totalmente en ridículo delante de sus conciudadanos. Si ya debían de haber comentarios relacionados con su previo proceder con aquel hijo, los que se generarían ahora no ayudarían en nada a la imagen de aquel hombre. Se confirmaba su flojera de carácter, su debilidad ante un hijo rebelde e insumiso. Lo que aquel hijo merecía era justicia. Así lo dictaminaba la ley y así lo exigía el sentido común. Incluso el mismo pródigo era consciente del trato que era justo que recibiera. Sin embargo, lo que se le otorgó no era lo que esperaba ni merecía. Aquel padre -que con toda seguridad no desconocía la ley- no actuó como la justicia, el sentido común y la opinión pública esperaban y exigían- actuó, si me lo permitís, injusta, inapropiada y graciosamente.
Jesús no está enseñando que nuestro Dios es un Padre al que no le ha importado lo más mínimo ponerse en ridículo delante de todos los principados y potestades simple y llanamente por amor a gente que no lo merece. Le ha traído sin cuidado lo que justicieros y legalistas pudieran pensar acerca de cuál debería haber sido su comportamiento, cómo era de esperar que actuará delante de alguien como aquel hijo. Pienso que todo el universo contempla con asombro la locura de ese Dios “perdiendo la dignidad” movido por una profunda misericordia, gracia y compasión hacia unos miserables como tú y yo. ¿Pensamos que hacia el resto de la humanidad caída tiene sentimientos diferentes? Eso es no conocer al Dios manifestado en Jesús.
¿Qué diferencias hay entre tu imagen de Dios y la reflejada en la parábola del padre que ama y perdona? ¿Qué te hace sentir la comprensión del ridículo y escándalo del amor de Dios hacia ti?
Por Félix Ortiz, pastor de la IEB Bona Nova

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