JESÚS, DIOS

El Padre y yo somos unos. (Juan 10:30)
 
 
Uno de los hitos de mi vida cristiana ha sido entender que si quiero saber cómo es real y verdaderamente Dios debo mirar a Jesús y tan sólo a Él. El filósofo y matemático francés Blas Pascal afirmó con gran sabiduría y precisión: “Dios nos hizo a su imagen y semejanza y nosotros le devolvimos el cumplido”. Es decir, nosotros hemos hecho a Dios a nuestra propia imagen. Nos hemos proyectado sobre Él y hemos pensado que es simplemente una amplificación de quien somos nosotros. Hemos volcado sobre Él todos nuestros prejuicios e ideas preconcebidas y lo hemos hecho tal y como somos nosotros. Ya en el monte Sinaí el Señor advirtió sobre el peligro de hacernos imágenes acerca de Él. Nosotros, los evangélicos, nos sentimos muy orgullosos porque, a diferencia de los católicos, no tenemos imágenes en nuestros locales de culto. Sin embargo, para mí es mucho más dañinas, perniciosas y peligrosas las imágenes mentales que nos hacemos de Dios, el dios que construimos en nuestra mente e imaginación. Lo es porque llana y simplemente me relaciono no con Dios tal y como es; más bien establezco una relación con la imagen que tengo de Él, tanto si ésta es falsa como si real.
Todos nosotros hemos captado la diferencia que existe entre el Dios que aparece reflejado en el Antiguo y el Nuevo Testamento. No hay que ser muy avispado para darse cuenta que hay una diferencia abismal entre el uno y el otro. Es algo que choca a los no cristianos y que también, seamos sinceros, nos produce un impacto y una paradoja a nosotros mismos sus seguidores. El Dios del Antiguo Testamento es tribal. Los salmos una y otra vez afirman que “El Señor es Dios por encima de todos los dioses”. Las victorias de Israel sobre sus enemigos son las de Dios sobre los dioses de esos pueblos. El Señor es el Dios de Israel y no tiene preocupación ni carga por otros pueblos. Bueno, al menos así pensaban los judíos en tiempos del Antiguo Testamento. Las muestras de amor universal del Señor no parecieron impactar mucho a su pueblo. Recordemos el enfado de Jonás cuando Dios decide perdonar a Nínive a causa de su arrepentimiento.
Al ser el Señor el Dios de Israel y no tener interés por los otros pueblos era normal que Israel despreciara a todos aquellos que no eran judíos y se sintiera orgulloso de no ser como ellos. Este es, precisamente, el panorama espiritual previo a la venida de Jesús. Es el clima en el que no olvidemos Dios decide hacerse como uno de nosotros y habitar con nosotros.
Si nos relacionamos no con Dios sino con la imagen que tenemos de Él ¿Cuál es tu imagen? ¿Cómo percibes a Dios? ¿Cómo, para bien o para mal te condiciona?
Por Félix Ortiz, pastor de la IEB Bona Nova

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