JESÚS, IDENTIDAD

En coaching enseñamos que una pregunta es potente en la medida en que genera reflexión en la vida de la persona que la recibe. En esa disciplina las preguntas no deben hacerse para satisfacer la curiosidad del que las hace, sino para generar descubrimiento, reflexión y nuevas perspectivas en el interrogado. Sin ningún lugar a dudas esto es lo que pretende Jesús cuando dirige su pregunta a sus discípulos. La intención es que ellos tengan que poner orden en su mente acerca de la identidad de aquel con quien se han asociado y están siguiendo. Porque todo alrededor de Él está relacionado y gira acerca de su identidad. Las enseñanzas del Maestro son, sin duda, importantes, dignas de ser seguidas y guardadas. Sin embargo, muchos de sus principios de vida no son novedosos y habían sido enunciados antes que Él los enseñara. Lo que es sorprendente es el tema de su identidad, quién realmente es Él. Puesto que todo lo que dijo, hizo y prometió tiene o carece de sentido en función de si era o no quien afirmaba ser. La oposición que tuvo que enfrentar estuvo motivada por su afirmación de ser Dios en forma humana. El juicio que decidió su condena a muerte versó sobre su pretensión de ser el Hijo del Dios viviente. C.S. Lewis, el gran escritor y pensador cristiano, ya afirmó que Jesús no nos ha dejado el camino fácil e intermedio de afirmar que fue tan sólo un gran maestro de moral. O era y es Dios, o un pobre loco con pretensiones divinas, o lo que es peor un malévolo manipulador que infundió falsas esperanzas en millones de personas a lo largo de los siglos.
La pregunta de Jesús sigue confrontando hoy en día a todo ser humano. La pregunta es válida también para aquellos que nos identificamos de una manera u otra como sus seguidores. Una pregunta que cada cierto tiempo valdría la pena que nos paráramos y nos la volviéramos a plantear ¿Quién dices tú que soy? Porque entiendo que la respuesta debe condicionar la forma en que enfrento y manejo la vida. La pregunta me obliga a reflexionar sobre mi concepción de Jesús y, o bien cambio la misma o bien cambio mi vida. No puedo afirmar de corazón que es el Mesías, el Dios hecho ser humano, y continuar viviendo como si estuviera solo y desamparado en el universo. No puedo contestar de forma afirmativa y vivir una fe racional, carente absolutamente de sobrenaturalidad y reducida meramente a un puñado de rituales que con el paso del tiempo van perdiendo cada vez más significado y relevancia. Siempre corremos el peligro de familiarizarnos tanto con las verdades espirituales que llegue un momento que dejen de impresionarnos y las tratemos con frialdad e incluso frivolidad. Por eso creo que necesitamos cada cierto tiempo, con determinada frecuencia volver a ser confrontados con el Jesús que nos pregunta quién creemos que es Él y si estamos viviendo a la altura de nuestras respuestas.
Y tú ¿Quién dices que es Él? y eso ¿Cómo se manifiesta en tu vida?
Por Félix Ortiz, pastor de la IEB Bona Nova

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