JESÚS, OCUPARME DE LOS ASUNTOS DE MI PADRE

Hijo ¿Por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados buscándote. Jesús les contesto: ¿Y por qué me buscabais? ¿No sabéis que debo ocuparme de los asuntos de mi Padre? Pero ellos no comprendieron lo que les decía.
 
 
Ya he mencionado que debió ser apasionante el proceso mediante el cual Jesús fue tomando conciencia de su identidad y de su especial relación con el Padre. El pasaje narrado por Lucas parece captar el primer momento en que, al menos públicamente, Jesús manifiesta evidencias de esa realidad. No deja de ser casual que eso suceda a las doce años de edad. El evangelista nos indica que fue la primera vez que el muchacho subía a Jerusalén para celebrar la Pascua. A esa edad un niño pasaba a convertirse en “hijo de la ley” y, por lo tanto, tenía que guardar la misma y ser consciente de todas sus responsabilidades. Era la edad en que un muchacho judío pasaba a formar parte de la comunidad cultural y religiosa de Israel.
William Barclay, el gran comentarista bíblico, nos indica que durante los días de la Pascua el Sanedrín hacia sesiones públicas a las que podía acercarse cualquier persona que lo deseara. En las mismas se discutían sobre cuestiones religiosas y éticas. Allí los padres encontraron al Jesús que se había perdido. La iconografía popular ¡Una vez más! nos transmite una idea equivocada de la situación. Jesús es mostrado rodeado de los maestros de la ley a los que enseña mientras éstos, de forma concentrada e interesada, lo escuchan desgranar su sabiduría. Bien, pues nada más lejos de la realidad. El texto dice que Jesús estaba con los doctores escuchándolos y haciéndoles preguntas. Barclay afirma que esta frase es la típica para describir a un estudiante de la ley aprendiendo de su maestro, y refleja perfectamente lo que sucedía a menudo en ese tipo de reuniones de libre acceso al público en las que cualquier persona podía hacer preguntas.
Es en este contexto donde José y María encuentran a su hijo y se produce el episodio reflejado en los versículos que encabezan esta reflexión. Jesús les indica que debe ocuparse de los asuntos de su Padre. La relación paterno filial, de una manera suave y respetuosa pero firme es trasladada desde José al Padre. Pero el resto del pasaje de Lucas sigue sorprendiéndonos. El evangelista nos indica que toda la familia regresó a Nazaret y Jesús vivió en sometimiento a sus padres. Podemos suponer que hasta que comenzó su ministerio público, es decir, 18 años después. ¡Qué fascinante debieron ser aquellos años para Jesús, José y María y, posteriormente el resto de los hermanos del Maestro! Todos ellos protagonistas de un proceso que no acababan de entender en su totalidad. Jesús fue asumiendo su identidad como el Hijo de Dios y ocupándose de los asuntos de su Padre. La aplicación para nosotros es clara. También nosotros tenemos esa doble filiación. Somos también hijos del Padre y, consecuentemente, estamos llamados a ocuparnos de “sus asuntos” que, en mi humilde entender, pasa por ser agentes de restauración y reconciliación y constructores de su Reino.
No estamos hablando de asistir a cultos, estamos hablando de reconciliar, restaurar y construir ¿Hasta que punto estás involucrado en los asuntos de tu Padre? ¿Qué evidencias lo muestran?
Por Félix Ortiz, pastor de la IEB Bona Nova

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