JESÚS, Y CRECÍA

Y Jesús crecía, y con la edad aumentaba su sabiduría y el favor que gozaba ante Dios y la gente. (Lucas 2:52)
 
 
Entiendo que únicamente pueden aumentar aquellas cosas que todavía no están completadas, acabadas, plenamente desarrolladas. Lucas parece indicarnos que como cualquier otro muchacho Jesús estuvo inmerso en un proceso de desarrollo y el mismo le llevó a crecer de forma integral en todas las dimensiones de su vida. De nuevo deseo enfatizar que Jesús, el chico, no era un adulto encerrado en un cuerpo infantil. Nikos Kazantzakis, el filósofo griego autor de “La última tentación de Cristo”, describe en su libro -y de una manera tremendamente respetuosa- el proceso gradual en el que Jesús va descubriendo que es alguien especial, que no es similar a los otros seres humanos. Un proceso que le lleva a la búsqueda del Padre para discernir quién es y cuál es la misión que tiene encomendada en la vida. Tal vez nos cuesta visualizar a Jesús de esta manera. Para muchos creyentes que conozco les es más fácil pensar en el Maestro con tres años de edad y meditando ¡Vaya, aún me quedan 27 para comenzar mi ministerio público!. ¿Qué significa si no la afirmación: “aumentaba el favor que gozaba ante Dios!? Como sucede con el rol de María, la infancia de Jesús es algo por lo que acostumbramos a pasar de puntillas, sin hacer ruido.
Pero hay otra cosa que me llama la atención de esos años de silencio de Jesús. Sin duda debió de estar junto a su padre aprendiendo el oficio de carpintero-albañil. Quiero enfatizar aprendió. No creo que Jesús naciera con el oficio sabido. Pero pensemos en ello, el Dios hecho ser humano pasó más de dos décadas trabajando como lo hubiera hecho cualquier otro obrero de su gremio, y al hacerlo nos está enseñando que el Señor ha honrado y dignificado con ello todo tipo de trabajo que contribuye al bienestar y beneficio de la humanidad. Porque una de las grandes contribuciones que ha hecho la encarnación de Dios ha sido romper definitivamente la dicotomía sagrado-secular y convertir todas las dimensiones de la vida humana en sagradas al hacerse partícipe de ellas.
Hay dos aplicaciones que se deducen de este breve pasaje. La primera, los procesos de discernir la voluntad del Señor pueden ser graduales. En muchas ocasiones una pequeña convicción va creciendo y afianzándose en nosotros acerca de lo que Dios quiere y espera. Es nuestra responsabilidad cuidarla y discernirla. La segunda, nuestro trabajo es una tarea sagrada porque se lleva a cabo en la presencia de Dios, en el lugar santísimo y, por tanto, debemos hacerla como si fuera dirigida directamente a Él. Jesús no honró únicamente al Padre los tres breves años de ministerio; lo hizo las largas décadas de trabajo en el taller.
¿Tiene Dios una voluntad específica para tu vida? ¿La disciernes o, por el contrario, hace tiempo que dejaste de creer en ello? ¿Cómo afrontas el trabajo, cuál es tu perspectiva del mismo? ¿Qué te enseña a ti lo que Lucas dice sobre Jesús?
Por Félix Ortiz, pastor de la IEB Bona Nova

 

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