EL ESTILO DE VIDA DEL SEGUIDOR DE JESÚS XII

Pues quien ama al prójimo ha cumplido la ley. (Romanos 14:8)
 
 
El cristianismo no deja de ser paradójico. Por un lado la complejidad de ciertas de sus creencias, pongamos por ejemplo la trinidad, la predestinación y el libre albedrío, la doble naturaleza de Jesús y otras muchas que podría mencionar, contrasta con la simplicidad de su práctica: el amor al prójimo. De hecho, el apóstol afirma en el pasaje al que pertenece este versículo, que toda la ley se cumple cuando amamos al próximo. Como ya afirmé en un comentario anterior hay multitud de disputas y debates sobre los mas sibilinos detalles de muchas doctrinas, poco o nada sobre cómo mejorar nuestra praxis del seguimiento del Maestro.
Todo, en palabras de Pablo, queda reducido al amor al prójimo. Vale la pena pues entender qué quiere decir el apóstol cuando habla de amor. Usa la palabra griega: “agape”. Los helenos tenían tres términos diferentes para hablar de amor: “eros” que usaban para referirse al amor físico, sexual; “fileo” el amor que se tiene a alguien porque algo en esa persona la hace merecedora del mismo; finalmente usaban “agape” para referirse al amor incondicional, al que se tiene hacia alguien no debido a que lo merezca, sino a pesar de no merecerlo. Es un amor que nace de la voluntad y no del sentimiento. Un amor que se expresa en acciones y no únicamente en palabras. Un amor que toma la iniciativa y es costoso. La palabra “agape” es la que siempre se usa para definir el amor del Señor hacia la humanidad.
A imitación de Dios, este es el amor que se espera de nosotros; el amor que se nos pide que tengamos hacia todo ser humano, sea amigo o enemigo, digno o indigno. Es un amor que es fruto del Espíritu, de su trabajo paciente y constante en nuestras vidas. Es un amor que no es fácil porque va contra nuestra forma de ser afectada por el pecado. Es en definitiva un amor que cuando lo practicamos es cuando más nos parecemos a Dios, porque Él es amor.
¿Cómo sería tu vida si incorporases ese tipo de amor?
Por Félix Ortiz, pastor de la IEB Bona Nova

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