ROMANOS: OBJECIONES

¿Supone alguna superioridad el ser judío…  ¿No será Dios injusto al descargar su ira sobre nosotros?… ¿Por qué voy a ser condenado como si fuera un pecador? (Romanos 3:1-8)
 
 
Primero contexto: Pablo está desarrollando el tema de que todo ser humano necesita la salvación de Dios porque es pecador. El apóstol acostumbra a usar la diatriba -contestar las preguntas de un supuesto oponente- para desarrollar sus argumentos. En este pasaje el oponente virtual plantea estas tres objeciones ante Pablo. Veamos las respuestas del apóstol.
Primera objeción. Sin duda supone una ventaja el ser judío porque tienes las Escrituras y las promesas y, por tanto, más fácil el acceso al Señor. En nuestra versión evangélica diríamos que estamos en una posición también ventajosa porque conocemos a Jesús y estamos en condiciones de tener una relación personal con Él. Ahora bien, conocimiento y praxis son dos cosas diferentes, y tanto en el caso del judío como del seguidor de Jesús lo que cuenta es cómo vives no cuánto sabes.
Segunda objeción. Que nuestra maldad ponga en evidencia la bondad de Dios no significa que dicha maldad sea justificable. Equivaldría a decir que si no hubiera delincuentes no habría policía ni sistema judicial. Por tanto, deberíamos estar agradecidos a los primeros que permiten la existencia de los segundos y, consecuentemente, es injusto que sean juzgados.
Tercera objeción. Como podemos ver está muy relacionado con la anterior. Mi pecado no hace sino poner de manifiesto la gracia, bondad y misericordia de Dios. Por tanto, si ya dije que no debería ser juzgado, mucho menos condenado.  Pero no puede haber gracia sin justicia previa. Por eso, el apóstol, dedica toda esta primera parte de la su epístola a zanjar el tema de la culpabilidad humana.
¿Cuáles son tus objeciones ante Dios?
Por Félix Ortiz, pastor de la IEB Bona Nova

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