diapositivas_reflexion-960x480

SALMO 22: ABANDONADO

Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado? Estás lejos mi salvación y son mis palabras un gemido. Dios mío te llamo de día y no me respondes, de noche y no encuentro descanso. (Salmo 22:2-3)
 
El salmista no duda de la existencia de Dios; si así fuera ¿Qué sentido tendría clamar a Él? David expresa su experiencia de sentirse abandonado de parte de Dios; clama por el silencio del Señor ante su dolor y su sufrimiento, y cómo ese silencio añade más carga si cabe a su estado, a su situación. El hecho de que estas palabras aparezcan en la Biblia y formen parte del texto inspirado nos legitiman para ser honestos y transparentes con Dios y poder verbalizar esa sensación de abandono y dolor por su silencio, si es que se da el caso de que lo estamos experimentando. Pero además, resulta que fueran las palabras iniciales del salmo las que usó Jesús cuando estuvo clavado en la cruz. Fue este salmo el que le ayudó a poder verbalizar el sentimiento de desamparo y abandono que estaba experimentando de parte del Padre. 
Hay una gran riqueza en este salmo para el seguidor de Jesús. Nos enseña que sentirse abandonado por Dios y angustiados por su silencio no tiene nada que ver con carecer de fe. Nos muestra que es legítimo poder verbalizar nuestros estados anímicos; es legítimo y además es higiénico emocionalmente hablando. Nos indica y apunta una vez más hacia la humanidad del Maestro que puede entender nuestros sentimientos de abandono porque Él mismo los experimentó. Finalmente, para mí, me ofrece palabras, como tantos otros salmos para mis sentimientos.
El sentimiento de abandono y angustia por el silencio de Dios es humano y legítimo ¿Cómo lo canalizas cuando lo experimentas? ¿Qué haces con él?
Por Félix Ortiz, pastor de la IEB Bona Nova

0 Comentarios

Añadir Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *