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SALMO 76: PROMESAS

Haced promesas a Dios vuestro Señor y cumplidlas. (Salmo 76:12)
 
 
La promesa, la palabra dada, es un valor que cotiza a la baja en el mercado. Tiempo atrás éstas eran fiables y cuando uno recibía una promesa y le era dada una palabra se tenía la certeza de que aquello se cumpliría porque el dador había empeñado su honor, su respetabilidad, su dignidad y su confiabilidad. Estos días todo eso carece, por lo general, de valor. Decimos y nos desdecimos sin ningún rubor o pudor; el momento marca la conveniencia o inconveniencia de mantenernos en lo dicho o prometido. Damos nuestra palabra conscientes de que cuando llegue el momento volveremos a evaluar la conveniencia o no de tirar adelante con lo prometido, y nuestro interés nos dictará si hemos de ser fieles o no.
Todo lo anterior dice mucho acerca de quiénes somos y cómo consideramos a los otros. Cumplir nuestras promesas o no hacerlo revela una buena cantidad de información sobre nuestro carácter y catadura moral. Todos conocemos personas que su palabra carece de total valor (tal vez somos una de ellas); no importa lo que digan sabemos que no se llevará a cabo porque sus registros muestran que no son confiables. Al mismo tiempo también pone de manifiesto nuestra consideración del otro, si lo respetamos o no, si lo consideramos digno o, por el contrario, nos importa bien poco no cumplir nuestros compromisos con esa persona.
Todo esto también es aplicable a nuestra relación con el Señor. Las promesas hechas y no cumplidas ponen de manifiesto cuán confiables somos y cuánto respetamos al Señor.
¿Es tu palabra confiable? ¿Cumples lo que prometes al Señor y a otros?
Por Félix Ortiz, pastor de la IEB Bona Nova

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