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SALMO 88: EN LA ENFERMEDAD

Señor, ¿Por qué me rechazas y ocultas mi rostro? Débil, agonizante desde mi juventud, aguanto tus horrores y estoy desconcertado. Tu ira ha pasado sobre mí, tus terrores me han destruido. Como agua me rodean todo el día y me cercan todos juntos. Alejaste de mí al amigo, al compañero, ¡Las tinieblas me hacen compañía! (Salmo 88: 15-19)
 
 
Este salmo es también de los hijos de Coré y la introducción al mismo ya indica claramente que es un poema para la enfermedad. La lectura nos indica con toda claridad que es la oración de un enfermo y, además, sorprendido por el dolor que está experimentando y que atribuye al abandono de Dios. El salmo refleja muy bien la falsa creencia, tan a menudo reflejada en las páginas del Antiguo Testamento, de que al justo todo le va bien y progresa de bendición en bendición. Consecuentemente, lo contrario también debería ser cierto, a los malos todo les va mal y su vida es un desastre. El libro de Job ya nos enseña que las cosas no son tan simples y la experiencia de la vida -reflejada en otros salmos- nos ratifica que el justo sufre y el injusto es, contrariamente, el que prospera.
La propia vida de Jesús es un ejemplo de ello. Pedro en sus epístolas nos habla de que Jesús sufrió no debido a su maldad sino a pesar de su bondad y justicia. Pablo indica que todo aquel que desee vivir agradando a Dios tiene que estar listo al sufrimiento y la hostilidad. La enfermedad, la calamidad, el dolor, el sufrimiento y la injusticia golpean por igual al seguidor de Jesús y al no seguidor. Es el resultado de vivir en un mundo caído y afectado por el pecado. Cuando uno no entiende esta realidad y vive con la expectativa de que Dios está obligado de algún modo a bendecirlo y protegerlo en una burbuja, está firmando por grandes decepciones y frustraciones que pueden llevarlo a un gran desengaño con Dios y al abandono de la fe. Jesús nunca ha prometido liberarnos del sufrimiento, pero si acompañarnos en medio del mismo. Él, como dice Isaías 53, es alguien sometido a dolores y habituado al sufrimiento.
¿A qué paradigma responde tu concepción de la vida, la de Antiguo o el Nuevo Pacto?
Por Félix Ortiz, pastor de la IEB Bona Nova

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