SALMO 95: CORAZON DURO

¡Ojalá escuchéis hoy su voz! No endurezcáis el corazón. (Salmo 95:7-8)
 
 
A mí me parece que la Biblia establece claramente una relación entre no escuchar la voz del Señor y el endurecimiento del corazón. Yo lo llamaría una esclerosis espiritual; un proceso gradual que hace que la vida espiritual ya no fluya a lo largo de nuestro ser y poco a poco nos vamos apagando espiritualmente hasta que, en ocasiones, el proceso se vuelve totalmente irreversible a menos que haya un trauma -un infarto espiritual- que nos llame la atención sobre nuestra realidad. 
Hablo de un proceso gradual porque no es una cosa que sucede de un día para el otro. Puede comenzar con dejar de leer la Palabra de Dios, consecuentemente, dejamos de recibir su consejo, su orientación, sus criterios, sus valores y prioridades. Al principio parece que nada cambia, todo sigue igual. Sin embargo, poco a poco la espiritualidad se va deteriorando y la voz de Dios se vuelve un eco lejano. O tal vez decidimos ignorar algo que el Señor nos pide que hagamos o dejemos de hacer. Las primeras veces que esto sucede nos generan, por decirlo de alguna manera, cierta tensión. Pero al final uno se acostumbra y acaba ignorando esa molesta voz de Dios. Cuando más repetimos ese ciclo más se endurece nuestro corazón. Finalmente el corazón endurecido es aquel que ya ha perdido toda la sensibilidad espiritual y ya es incapaz de responder a los estímulos de Dios.
¿Cuál es el estado de tu corazón?
Por Félix Ortiz, pastor de la IEB Bona Nova

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