UN TOQUE CON FE

Entonces, una mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años y que había gastado toda su fortuna en médicos, sin lograr que ninguno la curase, 44 se acercó a Jesús por detrás y le tocó el borde del manto. En aquel mismo instante se detuvo su hemorragia. (Lucas 8:43-44)
 
 
Lucas no explica que Jesús iba camino de la casa de Jairo porque su hija de doce años estaba gravemente enferma y a punto de morir. El Maestro, tal y como nos dice el texto, iba rodeado de una gran multitud que le apretaba y se apiñaba a su alrededor. En ese trayecto una mujer se acercó a Él y tocó su manto quedando automáticamente sanada de una enfermedad que le producía hemorragias constantes. Jesús fue consciente de ese toque que desprendió poder sanador de Él y preguntó quién lo había hecho. Pedro, quien es siempre rápido para hablar, le dice a Jesús que aquella pregunta carecía de sentido. Literalmente, afirmó el apóstol, la gente casi te aplasta. Pero lo cierto es que entre tanto roce humano Jesús había identificado uno hecho con genuina y auténtica fe.
 
Para mí hay una enseñanza retadora en este pasaje. No es la cercanía física a Jesús, no es el conocimiento intelectual lo que produce transformación y cambio en la vida de las personas, es el acercarse a Él con fe. Muchos estaban a su alrededor; muchos literalmente lo tocaban; sin embargo, únicamente el toque de aquella mujer fue hecho con fe, con confianza en lo que el Maestro era capaz de hacer en su vida. El resultado todos lo conocemos, fue sanada integralmente. Esta mujer nos desafía a preguntarnos a nosotros mismos de qué modo nos acercamos a Jesús, hasta que punto tenemos una fe similar a la suya, una fe que crees que el simple toque del Maestro nos puede transformar.
 
 
¿Cómo describirías la fe con la que te acercas a Jesús?

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