¿Alguna vez oíste sobre el Salón de la fama de la costura? Establecido en 2001, reconoce a personas que han tenido «un gran impacto en la industria costurera doméstica con contribuciones únicas e innovadoras mediante la educación y el desarrollo de productos». Incluye a personas como Martha Pullen, incorporada en 2005, a la que se describe como «una mujer de Proverbios 31 […] que nunca dejó de reconocer públicamente la fuente de su fuerza, inspiración y bendiciones».
Este invento es del siglo xxi, pero si hubiese existido durante el primer siglo en Israel, una mujer llamada Tabita podría haber sido una candidata segura, ya que se dedicaba a coser para las viudas pobres de su comunidad (Hechos 9:36, 39). Cuando se enfermó y murió, los discípulos mandaron a buscar a Pedro para ver si Dios haría un milagro por medio de él. Cuando llegó, las viudas, llorando, le mostraron la ropa que les había hecho (v. 39), lo cual era una prueba de que «abundaba en buenas obras» para los pobres (v. 36). Por el poder de Dios, Tabita volvió a vivir.
Dios nos llama y equipa para usar nuestras habilidades para suplir las necesidades de nuestra comunidad. Pongámoslas al servicio de Jesús y veamos cómo usa Él nuestros actos de amor para hilvanar corazones y vidas (Efesios 4:16).


