Mientras esperaba para ingresar a la universidad, Shin Yi, de 21 años, decidió dedicar tres meses de sus vacaciones para servir en una organización misionera para jóvenes. Parecía una época extraña para hacerlo, ya que las restricciones de COVID-19 impedían las reuniones presenciales. Pero Shin Yi encontró pronto la manera: «No podíamos reunirnos en las calles ni en los centros de compras o de comidas rápidas como de costumbre —compartió—, pero seguimos haciéndolo vía Zoom, para orar unos por otros, y por teléfono con los que no eran cristianos».
Shin Yi hizo lo que Pablo alentó a Timoteo a hacer: «Haz obra de evangelista» (2 Timoteo 4:5). El apóstol advirtió que la gente encontraría maestros que le dirían lo que querían oír en lugar de lo que necesitaban (vv. 3-4). Pero llamó a Timoteo a tener valor e «[instar] a tiempo y fuera de tiempo», y agregó: «redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina» (v. 2).
Aunque no todos somos llamados a ser evangelistas o maestros, cada uno puede tener un papel en compartir la fe con los que nos rodean. Los incrédulos están pereciendo sin Cristo. Necesitamos fortaleza y aliento. Con la ayuda de Dios, proclamemos la buena noticia en todo tiempo y lugar.


