Fabricar bancos no era el trabajo de James Warren. Sin embargo, empezó a hacerlos cuando vio a una mujer sentada en el suelo esperando un autobús. «Esto es “indigno”», dijo preocupado. Entonces, el consultor laboral de 28 años de edad fabricó un banco y lo puso en la parada del autobús. Se empezó a usar enseguida. Al ver que muchas de las 9.000 paradas de su ciudad no tenían asientos, hizo otro, y luego varios más, con la inscripción «Sé amable». Warren dijo que su objetivo era intentar que la vida de la gente fuera un poco mejor.
La compasión es otra manera de describir una acción así. La compasión, como la practicaba Jesús, es un sentimiento tan fuerte que nos lleva a actuar para suplir las necesidades de otros. Cuando las multitudes desesperadas lo seguían, «tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor» (Marcos 6:34). Convirtió la compasión en acciones cuando sanó a los enfermos (Mateo 14:14).
Nosotros también debemos «[vestirnos] de profunda compasión» (Colosenses 3:12 RVA-2015), como instó Pablo. ¿Los beneficios? Como dice Warren: «Me llena. Es aire en mis neumáticos».
Estamos rodeados de necesidades, y Dios hará que las notemos. Pueden motivarnos a poner en acción nuestra compasión, y con ellas, alentar a otros al mostrarles el amor de Cristo.


