La escritura de hoy:
Cuando las torres del World Trade Center cayeron el 11 de septiembre de 2001, Greg Rodríguez murió entre las ruinas. Mientras sus padres sufrían por lo sucedido, también consideraron detenidamente su reacción ante un ataque tan horroroso. En 2002, Phyllis, su madre, conoció a Aicha el-Wafe, madre de uno de los acusados de ayudar a los terroristas. Más tarde, dijo: «Me acerqué a ella con los brazos abiertos. Nos abrazamos y lloramos […]. Hubo un vínculo inmediato entre Aicha y yo; las dos sufrimos por causa de nuestros hijos».
Ambas se conocieron en medio del dolor y la tristeza. Phyllis sabía que la furia por la muerte de su hijo no sanaría su angustia. La historia familiar de Aicha le generó compasión, y resistió la tentación de considerarlos enemigos. Deseaba justicia, pero creía necesario liberarse de la venganza que suele atraparnos cuando nos dañan.
El apóstol Pablo compartía esta convicción y nos instó: «Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira […] y toda malicia» (Efesios 4:31). Al resistir estos poderes destructivos, el Espíritu de Dios nos brinda una nueva perspectiva: «sed benignos unos con otros» (v. 32). Es posible procurar corregir las cosas y, al mismo tiempo, evitar vengarnos. Que el Espíritu nos ayude a mostrar la compasión que vence la amargura.


