No sé bien quién es el responsable de apagar las luces y cerrar la iglesia después de la reunión dominical, seguramente llega siempre tarde a cenar los domingos. Esto se debe a que a muchos nos gusta quedarnos después de la reunión a conversar y estar juntos. Es una alegría mirar a tu alrededor veinte minutos después del servicio y ver a tantas personas que siguen disfrutando de la compañía mutua.
La comunión es un componente clave en la vida cristiana. Sin ella, nos perderíamos de muchos beneficios de ser cristianos.
Por ejemplo, Pablo dice que debemos animarnos y edificarnos unos a otros (1 Tesalonicenses 5:11). El autor de Hebreos concuerda, diciéndonos que no descuidemos el tiempo juntos, porque necesitamos animarnos (10:25). Además, afirma que, cuando estamos juntos, nos estimulamos unos a otros «al amor y a las buenas obras» (v. 24).
Como pueblo dedicado a vivir para Jesús, nos preparamos para la fidelidad y el servicio mientras «[alentamos] a los de poco ánimo» y somos «pacientes para con todos» (1 Tesalonicenses 5:14). Vivir de esta manera, con la ayuda del Señor, nos permite disfrutar de una verdadera comunión y seguir «siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos» (v. 15).


