Había sido una semana terrible para Carlos y Carolina. A él lo habían hospitalizado porque sus ataques de epilepsia habían empeorado. En medio de la pandemia, sus hijos —cuatro hermanos adoptados— se habían vuelto más claustrofóbicos. Y como si fuera poco, Carolina no podía encontrar una comida decente en el refrigerador. Extrañamente, en ese momento, ansiaba comer zanahorias.
Al rato, golpearon a la puerta. Una pareja amiga estaba allí con una comida que la esposa había preparado para la familia. Incluidas zanahorias…
¿Dicen que el diablo está en los detalles? No. Una historia asombrosa del pueblo judío muestra que Dios está en los detalles. Faraón había ordenado: «Echad al río a todo hijo [israelita] que nazca» (Éxodo 1:22). Ese genocidio se volvió un detalle notable. La madre de Moisés realmente «echó» a su bebé al Nilo, pero con una estrategia. Y del Nilo, la propia hija de Faraón rescató al bebé que Dios utilizó para rescatar a su pueblo. ¡Incluso le pagó a la madre de Moisés para que lo criara (2:9)!
Un día, de aquella incipiente nación judía vendría un Bebé prometido. Su historia abundaría en detalles asombrosos e ironías divinas. Y lo más importante, Jesús nos libraría de la esclavitud al pecado.
Incluso —y especialmente— en los momentos difíciles, Dios está en los detalles.


