Hace poco, me encontraba en un lugar que había visto en películas y televisión innumerable cantidad de veces: Hollywood, California. Allí, en las laderas de Los Ángeles, esas enormes letras blancas se extendían con orgullo mientras las veía desde la ventana de mi hotel.
Luego, noté otra cosa: abajo a la izquierda se destacaba una cruz. Nunca había visto eso en una película. Además, en cuanto salí de mi habitación, unos alumnos de una iglesia local comenzaron a hablarme de Jesús.
A veces, pensamos en Hollywood como el epicentro de la mundanalidad, en agudo contraste con el reino de Dios. Sin embargo, Cristo estaba obrando claramente allí, sorprendiéndome con su presencia.
Los fariseos se sorprendían constantemente de los lugares donde Jesús se dejaba ver. No se rodeaba de las personas que ellos suponían. En cambio, Marcos 2:13-17 nos dice que pasaba tiempo con «publicanos y pecadores» (v. 15); personas cuya vida casi gritaba: «¡Inmundo!». Pero Jesús estaba allí, entre aquellos que más lo necesitaban (vv. 16-17).
Más de 2.000 años después, Jesús sigue sembrando su mensaje de esperanza y salvación en lugares inesperados; entre las personas más impensadas. Y nos ha llamado y equipado para ser parte de esa misión.


