A Shawn Seipler, un ejecutivo que viajaba mucho, le preocupaba qué pasaba con los jabones que quedan en los hoteles. Pensaba que, en lugar de tirarlos, podían encontrar nueva vida. Entonces, fundó «Limpiemos el mundo», un emprendimiento de reciclaje que ha ayudado a más de 8.000 hoteles, navieras y centros turísticos a convertir millones de kilos de jabones descartados en nuevas barras de jabón esterilizadas. Enviadas a personas necesitadas en más de 100 países, ayudan a prevenir incontables enfermedades y muertes relacionadas con la higiene. Seipler dijo: «Sé que suena cómico, pero esa pequeña barra de jabón de tu hotel puede salvar literalmente una vida».
Recoger algo usado o sucio para dar nueva vida también caracteriza a nuestro amoroso Salvador Jesús. Así fue cuando, después de alimentar a más de 5.000 personas con cinco panes y dos peces, dijo a sus discípulos: «Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada» (Juan 6:12).
Cuando nos sentimos «acabados», Dios no nos ve como vidas perdidas sino como sus milagros. Él no descarta nada; tenemos potencial divino para un nuevo trabajo en su obra: «si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17). Cristo en nosotros nos hace nuevos.


