Louise era una niña vivaz y juguetona que hacía sonreír a todos los que la conocían. A los cinco años de edad, sucumbió trágicamente a una rara enfermedad. Su muerte repentina fue un golpe tremendo para sus padres, Day Day y Peter, y para todos los que trabajábamos con ellos. Los acompañamos en su dolor.
Sin embargo, Day Day y Peter encontraron la fortaleza para seguir adelante. Cuando le pregunté a ella cómo hacía para sobrellevarlo, dijo que sacaba fuerzas de enfocarse en dónde estaba Louise: en los brazos de amor de Jesús. «Nos regocijamos por nuestra hija a quien le llegó el momento de entrar en la vida eterna —dijo—. Por la gracia y la fortaleza de Dios, podemos atravesar nuestro dolor y seguir haciendo lo que Él nos ha encomendado».
El consuelo de Day Day está en su confianza en el corazón de Dios, quien se reveló en Jesús. La esperanza bíblica es mucho más que un mero optimismo; es una certeza absoluta basada en la promesa de Dios, la cual Él nunca romperá. En nuestra tristeza, podemos aferrarnos a esta poderosa verdad: «Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él» (1 Tesalonicenses 4:14). Que esta esperanza segura nos fortalezca y consuele hoy… aun en nuestra tristeza.


