Winston sabe que no tiene que masticarlos. Entonces, adoptó una astuta estrategia. Nosotros la llamamos llevar disimuladamente. Si Winston ve un zapato abandonado y desprotegido, se mueve con indiferencia en esa dirección, lo toma y sigue caminando como si nada. Disimuladamente. Y si nadie lo nota, sale por la puerta. «Oye, mamá, Winston acaba de llevar disimuladamente tu zapato».
A veces pensamos que podemos «llevar disimuladamente» nuestro pecado sin que Dios lo vea. Somos tentados a creer que no es grave, y lo justificamos; sea lo que sea. Pero, como Winston, sabemos que está mal; que a Dios no le agradan esas elecciones.
Como Adán y Eva en el huerto, tratamos de ocultarnos porque nos avergüenza nuestro pecado (Génesis 3:10) o simulamos que no ocurrió. Pero las Escrituras nos invitan a hacer algo muy diferente: recurrir a la misericordia y el perdón de Dios. Proverbios 28:13 nos dice: «El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia».
No tenemos que tratar de llevar disimuladamente nuestro pecado y esperar que nadie nos vea. Cuando decimos la verdad —a nosotros mismos, a Dios y a nuestros amigos de confianza—, podemos liberarnos de la culpa y la vergüenza de acarrear pecados secretos (1 Juan 1:9).


