Madeleine L’Engle se hizo el hábito de llamar a su madre una vez a la semana. Cuando su madre fue envejeciendo, la querida escritora espiritual la llamaba más a menudo, «para estar en contacto». De la misma manera, a Madeleine le gustaba que sus hijos la llamaran y mantuvieran esa conexión. Como escribió en su libro Walking on Water [Caminando sobre el agua]: «Es bueno que los hijos se mantengan en contacto. Es bueno que todos los que somos hijos nos mantengamos en contacto con nuestro Padre».
La mayoría de nosotros conoce el Padrenuestro en Mateo 6:9-13. Pero los versículos que vienen antes son igual de importantes porque sientan la base para lo que sigue. Nuestras oraciones no deben ser ostentosas, «para ser vistos de los hombres» (v. 5). Y aunque no hay un límite de tiempo para orar, una gran «palabrería» (v. 7) no equivale a calidad en la oración. El énfasis parece estar en mantener un contacto habitual con nuestro Padre, que sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos (v. 8). Jesús enfatiza lo bueno que es para nosotros estar en contacto con nuestro Padre. Después, nos instruye: «Vosotros, pues, oraréis así» (v. 9).
La oración es una decisión buena y vital, ya que nos mantiene en contacto con el Dios y Padre de todos nosotros.


