Mostré una foto de gente durmiendo debajo de cartones en un callejón oscuro. «¿Qué necesitan?», pregunté a mis alumnos de la escuela dominical. «Comida», dijo uno. «Dinero», otro. «Un lugar seguro», agregó reflexivamente un chico. Luego, habló una niña: «Esperanza».
Y explicó: «Tener esperanza es esperar que sucedan cosas buenas». Me resultó interesante que hablara de «esperar» cosas buenas cuando, ante los desafíos de la vida, puede ser fácil no esperar nada bueno. Sin embargo, la Biblia habla de la esperanza de una manera que coincide con mi alumna. Si es «la fe la certeza de lo que se espera» (Hebreos 11:1), los que tenemos fe en Jesús podemos esperar que sucedan cosas buenas.
¿Cuál es el bien supremo que los creyentes pueden esperar con confianza? «La promesa de entrar en su reposo» (4:1). El reposo de Dios incluye paz, certeza de la salvación, dependencia de su fortaleza y seguridad de un hogar en el cielo. La garantía de Dios y la salvación en Jesús son la razón de que la esperanza pueda ser nuestra ancla, que nos sostiene firmes en tiempos de necesidad (6:18-20). Sí, el mundo necesita esperanza: la seguridad verdadera y fidedigna de que Él tendrá la última palabra y no nos fallará. Cuando confiamos en Él, sabemos que enderezará todo para nosotros en su tiempo.


