Debbie Stephens Browder, maestra jubilada, se propuso convencer a tantas personas como sea posible de plantar árboles. ¿La razón? El calor. Las temperaturas extremas son la mayor causa climática de muerte en los Estados Unidos. Browder dice: «Empiezo con los árboles». El toldo que brindan los árboles es una manera importante de proteger a las comunidades. «Es una cuestión de vida o muerte; no solo de embellecer el entorno».
Es probable que el autor del Salmo 121 supiera bien que la sombra no es solo refrescante sino potencialmente protectora de la vida. En Medio Oriente, el riesgo de los golpes de calor es constante. Esta realidad profundiza más la descripción de Dios como nuestro lugar protegido, bajo cuyo cuidado «el sol no [nos] fatigará de día, ni la luna de noche» (v. 6).
Este versículo no significa que los creyentes en Cristo sean inmunes al dolor o las pérdidas en esta vida (¡o que el calor no sea peligroso!). En realidad, el Señor nos dice: «En el mundo tendréis aflicción» (Juan 16:33). Pero sin duda, esta metáfora de Dios como nuestra sombra nos asegura de manera vívida que, sin importar lo que enfrentemos, nuestra vida está bajo su atento cuidado (Salmo 121:7-8). Nada puede separarnos de su amor (Juan 10:28; Romanos 8:39).


