Aunque la neurociencia ha progresado mucho en entender cómo funciona el cerebro, los científicos admiten que apenas están en las primeras etapas. Conocen su arquitectura y algunos aspectos de su funcionamiento, y las áreas que responden al entorno, activan los sentidos, generan movimientos y contienen emociones. Pero aún no pueden explicar cómo todas esas interacciones contribuyen al comportamiento, la percepción y la memoria. La obra maestra increíblemente compleja creada por Dios —el ser humano— sigue siendo un misterio.
David reconocía las maravillas del cuerpo humano. Con un lenguaje figurado, celebra el poder de Dios manifestado en su control soberano de todo el proceso natural de ser «[entretejido] en el vientre de [su] madre» (Salmo 139:13 rva-2015). Escribió: «asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son tus obras» (v. 14 lbla). En la antigüedad, el desarrollo de un niño dentro del vientre de la madre se consideraba un gran misterio (ver Eclesiastés 11:5). Aun con el limitado conocimiento de las complejidades del cuerpo humano, David seguía maravillado de la presencia y la obra asombrosa de Dios (Salmo 139:17-18).
La complejidad del cuerpo humano refleja el poder y la soberanía de nuestro gran Dios. ¡Solo podemos responder con asombro y alabanza!


