Antes de morir, John M. Perkins dejó un mensaje para los que quedarían atrás. Conocido por abogar por la reconciliación racial, dijo: «El arrepentimiento es la única manera de volver a Dios. A menos que se arrepientan, todos perecerán».
Estas palabras reflejan el lenguaje de Jesús y de muchos otros en la Biblia. Cristo dijo: «si no os arrepentís, todos pereceréis» (Lucas 13:3). Pedro afirmó: «arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados» (Hechos 3:19).
Mucho antes en las Escrituras, leemos las palabras de otra persona que deseaba que su pueblo se volviera a Dios. En su discurso de despedida «a todo Israel» (1 Samuel 12:1), Samuel —el profeta, sacerdote y juez— dijo: «No temáis; vosotros habéis hecho […] mal; pero con todo eso no os apartéis de en pos del Señor, sino servidle con todo vuestro corazón» (v. 20). Su mensaje de arrepentimiento fue: dejar lo malo y seguir a Dios de todo corazón.
Todos pecamos y no alcanzamos los estándares de Dios. Por eso, necesitamos arrepentirnos: dejar el pecado y acudir a Jesús, quien nos perdona y nos da poder para seguirlo. Escuchemos a Perkins y a Samuel, quienes reconocieron cómo Dios puede usar el poder del arrepentimiento para transformarnos en personas que puede utilizar para honrarlo.


