Un amigo mío trabaja en el barco hospital Africa Mercy, que lleva ayuda médica gratuita a países en desarrollo. El personal sirve diariamente a cientos de pacientes cuyas enfermedades quedarían, de lo contario, sin tratamiento.
Periódicamente, equipos de televisión suben a bordo y graban a su asombroso personal médico, el cual arregla labios leporinos y reacomoda pies zambos. A veces, van a la cubierta inferior para entrevistar a otros miembros del personal, pero el trabajo que hace Mick suele pasar inadvertido.
Mick, que es ingeniero, admite estar sorprendido por el lugar donde se le asignó trabajar: el sistema de cloacas del barco. Con unos 40.000 litros de residuos cada día, manejar ese material tóxico es un asunto serio. Si Mick no se ocupara de las cañerías y las bombas, la operatividad del Africa Mercy se detendría.
Es fácil aplaudir a los que están en la «cubierta superior» del ministerio cristiano y pasar por alto a los de las galeras de abajo. Cuando los corintios exaltaron a los que tenían dones extraordinarios, Pablo les recordó que todo creyente tiene un papel en la obra de Cristo (1 Corintios 12:7-20) y que cada don es importante (vv. 27-31).
¿Eres una persona de la «cubierta inferior»? Levanta la cabeza: tu trabajo es indispensable y Dios lo honra.


