Cuando el país de Tun sufrió un golpe de Estado, los militares comenzaron a perseguir a los creyentes en Jesús y a matar sus animales. Tras perder el ganado, sus parientes se marcharon a otros países. Durante nueve años, Tun vivió en un campamento de refugiados. Sabía que Dios estaba con él, pero durante la separación, murieron dos familiares, y eso lo desalentó
Hace mucho, otro pueblo —los israelitas— enfrentó una brutal opresión. Entonces, Dios designó a Moisés para que los sacara de Egipto. Cuando Moisés se presentó ante Faraón, este tan solo intensificó la opresión (Éxodo 5:6-9). Dijo: «Yo no conozco al Señor, ni tampoco dejaré ir a Israel» (v. 2). El pueblo se quejó a Moisés, y Moisés se le quejó a Dios (vv. 20-23).
Al final, Dios los liberó, pero en su tiempo y a su manera. Sus planes son a largo plazo, y así nos enseña sobre su carácter y nos prepara para algo más maravilloso.
Tun aprovechó bien sus años en aquel campamento y obtuvo una maestría de un seminario de Nueva Delhi. Ahora es pastor entre los refugiados como él, que han encontrado un nuevo hogar. «Mi historia como refugiado constituye el origen para liderar como siervo», dice. En su testimonio, cita el cántico de Moisés en Éxodo 15:2: «El Señor es mi fortaleza y […] mi salvación». Y la nuestra también.


