A los 16 años, Luis Rodríguez ya había estado en la cárcel por vender crack. Y ahora, por intento de asesinato, estaba de vuelta preso… con perspectiva de cadena perpetua. Pero Dios le habló e hizo que recordara sus primeros años cuando su madre lo llevaba fielmente a la iglesia. Tras las rejas, Luis sentía que Dios le sacudía el corazón. Finalmente, se arrepintió de su pecado y aceptó a Jesús.
En el libro de Hechos, encontramos a un judío celoso llamado Saulo, culpable de ataques tremendos a los creyentes en Jesús, y con un corazón asesino (Hechos 9:1). Era líder de una pandilla y participó en la ejecución de Esteban (7:58). Pero Dios le habló, literalmente. De camino a Damasco, una luz encegueció a Saulo, y Jesús le dijo: «¿por qué me persigues?» (9:4). Saulo preguntó: «¿Quién eres, Señor?» (v. 5); y ese fue el comienzo de su nueva vida. Llamado entonces Pablo, acudió a Jesús.
Al final, a Luis Rodríguez le otorgaron libertad condicional. Desde entonces, ha servido a Dios, dedicando su vida al ministerio carcelario en Estados Unidos y América Central.
Dios se especializa en redimir lo peor de nosotros. Sacude nuestro corazón y nos habla en medio de nuestra culpa. Tal vez es tiempo de que nos arrepintamos de nuestros pecados y acudamos a Jesús.


