Andrew Card era jefe de gabinete del presidente estadounidense George W. Bush. En una entrevista sobre su papel en la Casa Blanca, explicó: «En la oficina de cada miembro del gabinete se encuentra enmarcada una declaración de propósito: “Servimos a discreción del presidente”. Pero esto no significa que servimos a su antojo o para resultarle agradables, sino para decirle lo que necesita saber para hacer su trabajo»: gobernar el país.
En numerosas situaciones, caemos en el modo «agradar a la gente», en lugar de edificarnos unos a otros en unidad, como exhortaba el apóstol Pablo. En Efesios 4, escribió: «[Cristo] mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, […] para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe» (vv. 11-13). Y luego, traspasa nuestra tendencia a agradar a las personas, enfatizando que estos dones deben expresarse hablando «la verdad en amor», para que todo el cuerpo de Cristo «[reciba] su crecimiento para ir edificándose en amor» (vv. 15-16).
Como creyentes, servimos a los demás para llevar a cabo los propósitos de Dios. Ya sea que agrademos a los demás o no, agradaremos a Dios mientras Él obra a través de nosotros para generar unidad en su iglesia.


