Anne creció en la pobreza y el dolor. Cuando tenía cinco años, una enfermedad la dejó parcialmente ciega e incapaz de leer y escribir. Tiempo después, su madre murió de tuberculosis, y su padre abusivo abandonó a los hijos que habían sobrevivido. Anne y su hermano Jimmie fueron a parar a un albergue para indigentes. Pocos meses después, Jimmie falleció.
Más adelante, las circunstancias de Anne mejoraron. La enviaron a una escuela para ciegos, donde se sometió a una cirugía para mejorar su visión, y aprendió a leer y a escribir. Hoy la conocemos como Anne Sullivan, la maestra de Helen Keller. A través del esfuerzo, la paciencia y el amor, Anne le enseñó a Helen, que era ciega y sorda, a hablar y leer Braille, y la ayudó a graduarse de la universidad.
José también tuvo que superar pruebas terribles: a los diecisiete años, sus hermanos celosos lo vendieron como esclavo, y más adelante, fue encarcelado injustamente (Génesis 37; 39–41). Sin embargo, Dios lo usó para salvar a Egipto y a su familia de la hambruna (50:20).
Todos enfrentamos pruebas. Pero así como Dios ayudó a José y a Anne y les permitió tener un profundo impacto en otros, también puede ayudarnos y utilizarnos a nosotros. Busca su ayuda y su guía. Él ve y escucha.


