«¡Tus abejas están revoloteando». Mi esposa se asomó por la puerta y me dio una noticia que ningún apicultor quiere oír. Salí corriendo y vi miles de abejas que volaban desde la colmena hacia la copa de un pino alto… para nunca más volver.
Una semana de tormentas me había retrasado en inspeccionar si las abejas estaban por enjambrar. Cuando la tormenta cesó, las abejas se fueron. La colonia se había renovado y estaba saludable, y se estaba dividiendo para comenzar una nueva. «No te castigues tanto —me dijo alegremente ante mi decepción un apicultor experimentado—. ¡Puede pasarle a cualquiera!».
La capacidad de animar es algo encantador. Cuando David se desanimó porque Saúl lo perseguía para matarlo, Jonatán, el hijo de Saúl, lo alentó, diciendo: «No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe» (1 Samuel 23:17).
Estas sí que son palabras sorprendentemente generosas del sucesor del trono. Tal vez Jonatán reconocía que Dios estaba con David, y sus palabras brotaron de un corazón humilde.
Estamos rodeados de personas que necesitan ánimo. Dios nos ayudará a ayudarlas si le pedimos humildemente que las ame a través de nosotros.


