En el éxito musical Hamilton, se representa humorísticamente al rey Jorge III de Inglaterra como un villano demente. Sin embargo, una nueva biografía de él dice que no era el tirano descrito en la obra ni en la Declaración de la Independencia de Estados Unidos. Si hubiese sido un déspota brutal, habría detenido la independencia con medidas extremas. Pero lo contuvo su temperamento «civilizado y bondadoso».
¿Habrá muerto el rey Jorge con pesar? ¿Habría sido su reinado más exitoso si hubiese sido más duro con sus súbditos?
No necesariamente. La Biblia habla del rey Joram, quien afirmó su trono matando «a espada a todos sus hermanos, y también a algunos de los príncipes de Israel» (2 Crónicas 21:4). Joram «hizo lo malo ante los ojos del Señor» (v. 6). Su reinado implacable distanció a sus súbditos, los cuales tampoco lloraron por su muerte espantosa ni «encendieron fuego en su honor» (v. 19).
Los historiadores pueden debatir sobre la benevolencia del rey Jorge, pero Joram fue sin duda demasiado duro. Un camino mejor es el del Rey Jesús, «lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:14). Sus expectativas son firmes (demanda la verdad), pero recibe a todos los que fracasan (extiende su gracia). Jesús nos llama a creer en Él y seguirlo. Y en el poder del Espíritu Santo, nos capacita para hacerlo.


