El poeta, pintor y litógrafo William Blake disfrutó 45 años de matrimonio con su esposa Catherine. Desde su casamiento hasta la muerte de él, trabajaron lado a lado. Ella ponía color a los dibujos de él, y la devoción de ambos soportó años de pobreza y otros desafíos. Ya enfermo, el último dibujo de Blake fue el rostro de su esposa. Cuatro años después, ella murió apretando en su mano uno de los lápices de su esposo.
El ardiente amor de los Blake refleja el amor descrito en el Cantar de los Cantares. Si bien este libro describe las implicaciones de este amor en el matrimonio, los primeros creyentes en Jesús creían que también apuntaba al amor inextinguible de Jesús hacia sus seguidores: «fuerte es como la muerte», una metáfora sobresaliente que describe la realidad final e inevitable de todo ser humano (8:6); como «brasas de fuego, fuerte llama» (v. 6). Y a diferencia de los incendios que conocemos, estas llamas no pueden ser extinguidas, ni siquiera por un diluvio. «Las muchas aguas no podrán apagar el amor», insiste Cantares (v. 7).
¿Quién no desea un amor verdadero? Cantares nos recuerda que, dondequiera que encontremos un amor genuino, Dios es la fuente suprema. Y en Jesús, cada uno de nosotros puede conocer un amor profundo y eterno, que arde como brasas de fuego.


