Cuando un bebé llora, es señal de que está cansado o con hambre, ¿verdad? Bien, según los médicos de la Universidad Brown, diferencias sutiles en el lloro de un recién nacido también dan pistas importantes de otros problemas. Diseñaron un programa informático que mide el tono, el volumen y la calidad del sonido para determinar si algo está mal en el sistema nervioso central del bebé.
Isaías profetizó que Dios oiría los distintos clamores de su pueblo, determinaría la condición del corazón y respondería con gracia. Judá, en lugar de consultar a Dios, había ignorado a su profeta y buscó ayuda en una alianza con Egipto (Isaías 30:1-7). Dios les dijo que si seguían en su rebeldía, serían derrotados y humillados. Sin embargo, también anhelaba «tener piedad de [ellos], y […] misericordia» (v. 18). El rescate llegaría, pero solo a través del arrepentimiento y la fe. Si el pueblo de Dios clamaba a Él, el Señor perdonaría sus pecados y les renovaría su vitalidad espiritual.
Lo mismo es verdad hoy para los creyentes en Jesús. Cuando nuestros clamores distintivos de arrepentimiento y confianza llegan a los oídos de nuestro Padre celestial, Él oye, perdona y renueva nuestro gozo y esperanza.


