La frontera internacional más larga del mundo la comparten Estados Unidos y Canadá: casi 8.900 kilómetros de tierra y agua. Habitualmente, se cortan árboles a tres metros de altura a cada lado para delimitar bien la línea. Esta extensa cinta de tierra deforestada, llamada «el Slash» está señalizada con más de 8.000 postes de piedra para que los visitantes sepan dónde se encuentra la división.
Esta deforestación física representa una separación de gobiernos y culturas. Como creyentes en Cristo, aguardamos el momento en que Dios revierta eso y una a todas las naciones del mundo bajo su gobierno. Isaías habló sobre un futuro en que el templo será establecido firmemente y exaltado (Isaías 2:2). Pueblos de todas las naciones se reunirán para aprender los caminos del Señor y caminar «por sus sendas» (v. 3). La paz ya no dependerá de los inservibles esfuerzos humanos. Como nuestro Rey verdadero, Dios juzgará entre las naciones y resolverá todas las disputas (v. 4).
¿Puedes imaginar un mundo sin divisiones ni conflictos? ¡Esto es lo que Dios promete hacer! Aunque nos rodee la desunión, ya podemos caminar «a la luz del Señor» (v. 5) y decidir ser leales a Él. Sabemos que Dios es soberano y que un día unirá a su pueblo bajo una sola bandera.


